Este medio de comunicación busca contar las historias con dignidad de quienes suelen estar en el anonimato.
Hay historias que nacen de un gran suceso, y hay otras —las más verdaderas— que nacen de una persona. Relatos Esmeraldeños nació de Auralid Quiñónez, una mujer afrodescendiente cuya vida llena de servicio sembró la pregunta que años después daría forma a un proyecto que hoy inspira a miles en la frontera norte del Ecuador.
Durante 31 años, Auralid trabajó como auxiliar de servicio en la Unidad Educativa Roberto Luis Cervantes de Esmeraldas. Día tras día, limpió aulas, lavó baños, ordenó pasillos y acompañó, desde la humildad de su oficio, el crecimiento de generaciones de jóvenes. Nunca reclamó un reconocimiento; su fortaleza siempre se expresó en acciones, no en palabras.
Pero fue justamente esa vida tan auténtica la que un día hizo que su hijo, Manuel Gonzales, fundador de Relatos Esmeraldeños se preguntara con fuerza:
¿Por qué las historias como la de mi mamá no aparecen en los medios de comunicación?
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Aquella reflexión, nacida del amor filial y de la admiración profunda, se convirtió el 26 de septiembre de 2020 en la inspiración para publicar el primer post de un proyecto que hoy es un referente: Relatos Esmeraldeños.
Auralid no lo buscó, pero se convirtió en esencia. Desde hace más de 20 años usa su décimo tercer sueldo —y ahora parte de su pensión jubilar— para entregar en Navidad juguetes y regalos a niños de sectores vulnerables por su devoción al Santo Niño Divino, encarnó para su hijo la verdadera definición de comunidad: dar sin esperar nada a cambio.

“Me da orgullo lo que hace mi hijo Manuel. No soy mucho de redes sociales, pero me muestran los videos y me gustan porque muestran a gente sencilla y lugares bonitos”, dice, con ese tono suyo que parece abrazo.
Y Manuel lo confirma con convicción: “Relatos existe por mi mamá. Porque su vida me enseñó que las historias de nuestra gente tienen que ser contadas con dignidad. Y esa dignidad la construimos entre todos”.
Hoy, mientras Relatos Esmeraldeños se expande por toda la provincia de Esmeraldas y se proyecta hacia la región, llevando adelante iniciativas sociales, culturales y educativas, su origen sigue siendo el mismo: una mujer de corazón enorme que decidió servir a los demás desde el anonimato, pero hoy al igual que muchos guardianes de vida están siendo mostrados para inspirar.



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