Su sello de reparador se lo otorgó el legendario marimbero Papá Roncón. Canaca quiere transmitir sus saberes.
Luis Castillo Quiñónez dejó por años de ser él para convertirse en la ‘muerte’. Sí la muerte. Ese ser mitológico que nadie quiere cerca, pero que Luis lo evocaba cada vez que se subía al escenario. Lo hacía al ritmo de la marimba, del bombo, del cununo, del guasá y de las cantoras del grupo de marimba de Esmeraldas Jolgorio internacional.
Su espectáculo lo miraron en Perú, en su país natal Colombia y en algunas ciudades del Ecuador donde vive hace más de 30 años. “Yo ya soy esmeraldeño”, lo dice con ese tono de quien quiere que no duden de su amor a la tierra esmeraldeña con su población mayoritariamente de afro como él, donde está construyendo un legado cultural.
Luis también fue un loro. Esta parte la explica con cierta jocosidad. Lo hace porque artísticamente pocos saben que su nombre completo es: Luis Castillo Quiñónez. Es más reconocido como ‘Canaca’. Ese apodo lo ha acompañado toda la vida. El origen de ese sobrenombre se remonta a su infancia en Tumaco, Colombia, cuando en una emisora local sonaba el chillido de un loro en uno de sus programas radiales.
Su abuela escuchaba siempre aquella frecuencia, y los vecinos, entre risas y cariño, comenzaron a llamarlo “Canaca, Canaca”. El apodo cruzó fronteras con él y terminó convirtiéndose en parte de su identidad en Esmeraldas, la ciudad que hoy lo reconoce como uno de sus grandes cultores de la marimba.
También te puede interesar
Lo invitamos a mirar el vídeo de Canaca
Tocó dos horas seguidas
Al inicio de carrera cultura afro-pacífica, su pasión se centraba únicamente en el baile de la marimba. Sin embargo, con el tiempo, su destino en la música afroesmeraldeña dio un giro: pasó de ser un bailarín a cununero. Sus manos gruesas dan muestra de los más de 25 años entonando el cununo. Su mayor reto ocurrió en lo que era el bar de ‘La Tía Mencha’, en playa Las Palmas de Esmeraldas, en los años 90. Al lugar llegó de visita un equipo de básquet internacional. Los marimberos se pusieron un reto, tocar sin parar durante dos horas para los visitantes.
“Imagínese cómo quedaron mis manos”, lo recuerda entre risas el cununero, quien ahora es llamado por los grupos de marimba, no para que baile o toque el cununo, sino para que repare sus instrumentos: bombos, marimba y cununo.


Su historia como “reparador empírico” comenzó de manera fortuita: en una presentación junto al legendario marimbero Guillermo Ayoví o ‘Papá Roncón’. Previo a la presentación un bombo se dañó. Papá Roncón estaba nervioso y frustrado por el problema. Canaca con ingenio y coraje, lo reparó en una esquina, tensando cuerdas y ajustando el cuero hasta devolverle la vida. El maestro Roncón lo miró y le dijo, con voz su recia: “Eres un arrecho”. Aquellas palabras sellaron el inicio de un nuevo oficio que ya supera los 25 años.
En su casa, donde nos recibió para contarnos su vida artística, que ahora es parte del grupo de la Memoria Viva de Esmeraldas que impulsa Relatos Esmeraldeños, Canaca reveló secretos del arte del reparador de instrumentos tradicionales de la marimba esmeraldeña. Explica que los cueros adecuados para el bombo y el cununo son los de venado y tatabra, nunca de vaca, porque estos últimos endurecen con el tiempo y apagan el sonido.
Revelando secretos

Habla también de las cuñas, esos pequeños palos que se ajustan en el cununo para templar los cabos. Los reparadores y marimberos como Luis están convencidos de que si el cuero se obtiene en noche de luna, el instrumento adquiere una resonancia especial. Lo mismo ocurre con la madera de chonta, que debe cortarse en fase lunar para que la marimba respire con armonía.
En más de dos décadas, Luis ha reparado instrumentos para prácticamente todos los grupos de marimba de Esmeraldas, más de catorce en total. Sabe de memoria como ajustar las cuñas para tocar entonar el baile de la caderona, o de un bambuco, del andarele o del ritmo más desafiante para un cununero: el mapalé.
Su experiencia no es solo técnica, es también espiritual: reconoce en cada ritmo una manera de resistir y mantener viva la memoria del pueblo afrodescendiente. Aun así, confiesa una frustración: no haber tenido hasta hoy una escuela donde pueda enseñar este conocimiento ancestral. “Quiero me recuerden como un tipo buena gente, que era bueno en el cununo. Ah, quiero decirles que: si algún joven está interesado en el tema folclórico, sí me gustaría que siga esto de reparar y hacer instrumentos. Es bonito”, lo expresa nostálgico. Su mayor deseo es transmitir lo aprendido, para que no se pierda esa tradición cuando él ya no esté.

‘Sin cununo, bombo y guasá, la marimba no tiene sentido‘
Canaca ha alternado la vida cultural con oficios como albañil y vendedor de pescado. Él está claro que la marimba, no enriquece en lo económico, pero llena el alma, “pero quién sabe después”, augura. De sus dos hijos, Germán Castillo ha heredado la vena artística: es marimbero, poeta y escritor. Mateo, el menor, en cambio, se inclina por el piano, aunque también respira el mismo aire de cultura. En ambos ve la continuidad de un legado que no puede extinguirse. Su esposa Ladys, también marimbera lo ha acompañado en este andar folclórico.
Luis Castillo es alegría, ritmo y resistencia cultural. En la ribera del Esmeraldas, donde vive con su familia, Canaca ha encontrado su lugar para mantener viva la marimba, reparar lo que otros dan por perdido y recordarnos que, sin cununo, bombo y guasá, la marimba no tiene sentido
Le podría interesar conocer la Memoria viva de Julio Micolta Cuero.