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Así se prepara la fanesca en Esmeraldas

Por tradición, los católicos esmeraldeños durante la Semana Santa no comen carne. El Viernes Santo preparan la fanesca y la reparten entre vecinos.

La fanesca en Esmeraldas es más que una sopa de pescado salado y granos, servida caliente durante el almuerzo. Para muchos, este plato representa una forma de recordar la última cena de Jesús. Su preparación se transmite de generación en generación, aunque hoy también existen variaciones que rompen con lo tradicional.

Para Auralid Quinónez, mujer afroesmeraldeña de 81 años, la Semana Santa no es un tema de juego, ni diversión, sino de total conexión con lo religioso. Su ritual, aprendido de su madre, Mariana Cabezas (+), empieza desde el Miércoles de Ceniza, tras el Carnaval. Desde ese día cuenta los 40 días de la Cuaresma hasta el Domingo de Resurrección.

Su mamá le enseñó que la fanesca debe tener al menos 12 granos, en honor a los 12 discípulos de Jesús. Entre sus ingredientes están pescado salado, zapallo, palmito, papa, sambo, choclo, chiyangua, huevo, queso, sardina y atún.

Primero se precocinan los granos

La preparación inicia un día antes. Los granos se precocinan por separado y, en otra olla, el pescado, al que se añade agua de coco, una tradición familiar. “Lo del agua de coco y luego el coco rallado es algo de nuestra familia, no sé si lo hará en otras casas”, aclara la mujer, quien por más de 40 años ha preparado la fanesca hereda.

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El caldo del pescado salado se coloca en la olla grande con todos los granos, zapallo, la papa, el sambo… todo picado en pequeños cuadros y se va moviendo hasta tener una consistencia espesa y evitar que se pegue a la olla. Cuando todo está en la etapa de ebullición se le van colocando los granos.  La lenteja se añade al final por su fragilidad.

Luego va el pescado, más del zumo de coco y un atado de chiyangua, que se retira después de unos minutos. Se agregan secretos familiares que no son revelados. La fanesca se comparte primero con los vecinos, como símbolo de solidaridad. Luego, toda la familia se sienta a la mesa a disfrutar la sopa caliente, la que se repite, debido a que, se hace en grandes cantidades e incluso para comer al siguiente día.

12 platos sobre la mesa

Auralid Quinónez, recuerda que cuando era muchacha, su mamá servía de forma diferente la fanesca. Los 12 granos se cocinaban previamente y se colocaban en 12 conchas de coco alrededor de la mesa, alado iba una bandeja con arroz, otra con crema de zapallo, en otra de sardina y una olla con la sopa de pescado salado. La idea, era que todos probaran cada grano y se sirvan a su gusto. Lo de repartir a los vecinos también se remonta a esa época.

Domingo de castigos

Durante la Semana Santa en algunos hogares católicos, no solo se eximen de comer carne, sino que evitan al máximo realizar actividades de trabajo, recreativas e incluso regañar a sus hijos. La actividad principal es rezar, al menos dos veces al día el Santo Rosario.

A los muchachos se le advertía que no podían ir a bañarse al río, porque les saldría escamas e incluso que no saltaran porque lastimarían a Jesús, pero, la terriblada del muchacho superaba toda recomendación Los padres solo se limitaban a mirarlos con advertencia, hasta que llegara el Domingo de Resurrección, en ese día, a todos los muchachos que habían realizado alguna malcriadeza durante la Semana Santa, se les castiga pegándoles con un látigo y recordándoles la importancia de respetar esa semana cuando Jesús murió en la cruz por el pecado de la humanidad.

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