En octubre de 1553, un barco encalló en Portete, liberando a 17 hombres y 6 mujeres que se adentraron hacia la población de Pidi, lo que ahora es Portete.
Según el manuscrito de 1583 del cronista Miguel Cabello Balboa documentado por Relatos Esmeraldeños, la historia oficial registró detalladamente a líderes como Antón, Alonso de Illescas y la dinastía de Andrés Mangache. Sin embargo, omitieron sistemáticamente las identidades de las 6 mujeres negras y de los otros 15 hombres africanos fundadores.
Mientras la crónica española detalló tratados de paz, la unión de Mangache con una mujer nicaragüense y bautismos en 1577, invisibilizó el rol de la mujer negra. Este silenciamiento colonial anuló su protagonismo en la creación del primer Palenque libre del Ecuador.
Los cronistas españoles escribían para la Corona. Su interés era registrar: líderes, guerreros, tratados, bautismos, tributos, pero no la vida cotidiana. Por eso las mujeres desaparecen del archivo. Se olvidaron de que sin mujeres no hay pueblo. Omitieron que si aquellas seis mujeres sobrevivieron al naufragio, también sobrevivieron para curar heridas, preparar alimentos, asistir nacimientos y transmitir conocimientos. Ningún palenque podía sostenerse únicamente con hombres armados.

Contexto y afrenta a la memoria
Entremos en contexto. En octubre de 1553, un barco esclavista español proveniente de Panamá encalló en la ensenada de Portete, al sur de la actual provincia de Esmeraldas, Ecuador. Según las investigaciones y reportes de Relatos Esmeraldeños, en este suceso desembarcaron 23 personas esclavisadas de origen africano: 17 hombres y 6 mujeres.
Liderados inicialmente Antón, quien conservó su nombre africano, y posteriormente por el estratega Alonso de Illescas, quien heredó el nombre de su patrono, este grupo fundó en el siglo XVI el primer Palenque o territorio libre del país. Ellos establecieron alianzas con las comunidades indígenas locales y sentaron las bases del cimarronaje, convirtiendo a Esmeraldas en el epicentro histórico de la libertad en Sudamérica.
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Resulta una afrenta a la memoria que conozcamos las edades de los retratados por Francisco de Arobe en 1599 y, sin embargo, no exista un solo registro del nombre de aquellas seis mujeres. Sin embargo, su fuerza sobrevive en cada lideresa esmeraldeña actual. Ellas son la prueba viva de que el cimarronaje moderno consiste en no permitir que nos sigan borrando la historia.
Los archivos hablan.
Pero también callan.
Y a veces los silencios cuentan más que las palabras
El borrado selectivo de la memoria
Los documentos históricos describen minuciosamente cómo estos africanos se adentraron en Pidi, lo que actualemente es la isla del Portete, en Muisne. Tras una exhaustiva revisión en los repositorios bibliográficos de la Universidad Andina y la Pontificia Universidad Cattólica Sede Esmeraldas (PUCESE), todo indica un patrón de invisibilización.
La memoria afro no solo vive en los archivos. También sobrevive en la tradición oral. Las cantoras han conservado, generación tras generación, aquello que los documentos omitieron. Cuando se habla con cantoras como Rosa Willa, de Esmeraldas, se logra ententer que cantan para recordar y honrar su historia.
Cuando hablamos del turismo en Esmeraldas o de la cultura afroecuatoriana, casi siempre recitamos de memoria la fecha del naufragio: octubre de 1553. Vale destacar que en medio de esa invisibilización colonial, un nombre se negó a desaparecer: Antón. A diferencia de Alonso, a quien le impusieron el apellido de un comerciante español, Antón mantuvo su raíz. Es un recordatorio de que: El nombre es territorio: Conservar un nombre africano era un acto de cimarronaje intelectual.

¿Cómo lo hicieron sin las mujeres?
Demostrar que investigamos y no encontramos sus nombres no es un fracaso; es la revelación más dolorosa y potente de nuestra historia.
Por eso desde Relatos Esmeraldeños nos resistimos a aceptar que esas mujeres sean solo una cifra en un viejo papel español.
No pudo existir tanta rebelión en la selva, ni el heroísmo del gran Alonso de Illescas, declarado por el exCongreso del Ecuador como Héroe Nacional, en 2012, sin esas matriarcas. No puede descartarse que las mujeres ejercieran formas de liderazgo comunitario cuya memoria fue borrada por los cronistas.
Quizá nunca sepamos cómo se llamaban aquellas seis mujeres. Pero investigar para devolverles un lugar en nuestra memoria también es una forma de justicia histórica. Mientras sus nombres permanezcan ausentes de los archivos, seguirán presentes en nuestra búsqueda. Este fue segundo capítulo de nuestra serie documental: Diáspora afroesmeraldeña. En el capítulo 3, documentaremos a: Las esmeraldeñas que se resisten a que sus nombres sean borrados de la historia, lo publicaremos el miércoles 15 de julio del 2026. Acceda aquí al Capítulo 1
