El reparador de bicicletas que hereda sonrisas y momentos únicos entre padres e hijos al recibir la bici arreglada.
José Macías heredó de su padre el oficio de reparar bicicletas, y desde entonces no se imagina haciendo otra cosa. Lleva 15 años en su taller ubicado en la esquina de Colón y Calderón, en la ciudad de Esmeraldas, y aún conserva el nombre del antiguo local de su papá, Barcelona que estuvo antes en Olmedo y Salinas.
Define su trabajo como “bonito”, porque más allá de los pedales y las llantas, arregla momentos. “La felicidad que sienten los niños cuando reciben su bicicleta reparada es algo que no se puede describir”, dice José. Ha sido testigo de escenas entrañables entre padres e hijos, en las que la bicicleta se convierte en puente de cariño, seguridad y libertad.

Los meses de mayor demanda son en diciembre, cuando la bici sigue siendo uno de los regalos más esperados. También llegan niños que han ahorrado por su cuenta para reparar una llanta pinchada, ajustar los frenos o simplemente pedir un buen engrase.
Le invitamos a ver el vídeo de José
También te puede interesar
Feliz con la vida
Con el tiempo, la clientela ha disminuido. Para mantener el taller, José ahora también alinea aros de motos. Pero nunca ha dejado su pasión.

“Soy feliz por lo que la vida me ha brindado. Yo paso tranquilo y divertido”, comenta con humildad, mientras da vida a una bicicleta más.
Su jornada es de lunes a sábado. Siempre está acompañado de un amigo que también le gusta el oficio de reparar bicicletas. José Macías es parte de los esmeraldeños que han logrado perdurar con su oficio y darle felicidad a los niños, por eso es parte de los personas que mostramos aquí en Relatos Esmeraldeños.
Le podría interesar conocer al cerrajero que abre esperanza