La superación al filo de la carretera de Esmeraldas

Ante la falta de trabajos formales que cubran la demanda, es habitual encontrarse con emprendedores ofertando productos de la zona.

A Eduardo Barker, Anahí Reascos y Arturo García los une decisión: emprender al filo de la carretera que une a los cantones Esmeraldas-Rioverde, en Ecuador. Anahí no solo se dedica a la venta de la almeja blanca y negra en la comunidad de Peñas blancas, de Rioverde, sino que al final de jornada viaja hasta la ciudad de Esmeraldas a estudiar en la Universidad Técnica ‘Luis Vargas Torres’.

Sueña con ser trabajadora social

Anahí Reascos, además de trabajar vendiendo almejas, no deja sus estudios universitarios, ella anhela ser Trabajadora Social.

Anahí, de sonrisa tímida, piel negra y descendiente de pescadores, sueña con ser Trabajadora Social y ayudar a vulnerables. “Con lo que vendo me ayudo para lo de mis estudios y para los gastos de la casa”, detalla la vendedora, quien explica que la almeja es un molusco que extraen de la arena de mar cuando la marea está baja.

El arte de extraer a las almejas va de generación en generación. Desde siempre han ido con un balde, un cuchillo y la responsabilidad de no capturar a las almejas demasiado pequeñas, para garantizar la conservación. “Cada funda de almeja la vendemos en un dólar a los choferes que pasan por aquí (Peñas Blancas), también vendemos pescado o langostino cuando tenemos”, comenta la emprendedora, quien irrumpe su relato para gritar efusivamente a una comitiva de carros: “almeja, almeja a un dólar”.

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Del desempleo al emprendimiento

El mismo ímpetu de venta tiene Arturo. Él todos los días se ubica en el rompe velocidades del recinto Cabuyal, de Rioverde. Aprovecha para mostrar con sus manos al grupo de langostinos que exhibe como lo hace un campeón al recibir la copa. “Hay días duros de trabajo, casi no se vende, pero aquí estamos, aunque llueva o haga sol”, lo comenta con una sonrisa contagiosa el revendedor, quien a diario va hasta el filo de mar a comprarle a los pescadores el producto, para luego revenderlos en la carretera.

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Eduardo es particular

Él tenía un trabajo estable en el área limpieza de una institución pública de Ecuador, donde trabajó por meses, pero no le pagaron todos sus haberes, por lo que renunció y se sumó a la lista de los desempleados. “Le presté a mi suegra 20 dólares, con ese dinero empecé a vender -jugos- en los buses, pero eso se me hacía difícil porque me podía caer, por eso ahora me quedé solo aquí, en Palestina -cabecera parroquial de Rioverde-”, detalla sus inicios como emprendedor.

Eduardo desde las 07:00 empieza a colocar en las afueras de su casa los baldes con jugos de coco, naranja y limón a la espera de sus compradores que en la mayoría de los casos son choferes y sus acompañantes que buscan sofocar el calor de la costa de Esmeraldas. Similar horario de trabajo tiene Arturo y Anahí, quienes son parte de la decena de hombres y mujeres del norte de la provincia de Esmeraldas que se ubican al filo de la carretera a vender sus productos, los que en algunos casos son productos de la zona como la cocada, manjares, plátanos entre otros.

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