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Las guardianas de la identidad afro en Esmeraldas

Documentamos el legado vivo de mujeres que, con sus acciones, reinvindican el borrado intencional de las seis mujeres africanas que llegaron con Illescas.

El capítulo anterior de esta serie documental: Diáspora esmeraldeña terminó con una pregunta que los archivos no pudieron responder: ¿quiénes fueron aquellas seis mujeres africanas que ayudaron a fundar el primer Palenque del actual Ecuador? Revisamos manuscritos, investigaciones y bibliotecas. Encontramos fechas, nombres de líderes y tratados, pero ellas seguían ausentes.

Entonces, aquí en Relatos Esmeraldeños comprendimos que quizás la respuesta no estaba únicamente en el siglo XVI, sino también en la Esmeraldas de hoy. La memoria afro no vive solo en los documentos; vive en las personas que siguen transmitiendo conocimientos, organizando comunidades, defendiendo derechos y preservando la identidad cultural. Diversos estudios sobre las mujeres afroesmeraldeñas destacan precisamente su papel en la preservación cultural, el liderazgo comunitario y la resistencia frente a la exclusión.

Este capítulo no pretende poner nombres donde la historia los borró. Pretende demostrar que su legado sigue vivo. Por eso presentamos legados representados por mujeres afroesmeraldeñas contemporáneas que, desde distintos espacios, continúan construyendo la historia que comenzó en Portete.

Este fue el territorio donde llegaron los primeros negros libertos del Ecuador.

Afrenta la memoria del pueblo afroecuatoriano

Antes de conocer sus acciones, es importante recordar que en octubre de 1553, un barco esclavista español proveniente de Panamá encalló en la ensenada de Portete, al sur de la actual provincia de Esmeraldas, Ecuador. Según las investigaciones y reportes de Relatos Esmeraldeños, en este suceso desembarcaron 23 personas esclavisadas de origen africano: 17 hombres y 6 mujeres.

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Liderados inicialmente Antón, quien conservó su nombre africano, y posteriormente por el estratega Alonso de Illescas, quien heredó el nombre de su patrono, este grupo fundó en el siglo XVI el primer Palenque o territorio libre del país. Ellos establecieron alianzas con las comunidades indígenas locales (Pidi, actualmente Portete) y sentaron las bases del cimarronaje, convirtiendo a Esmeraldas en el epicentro histórico de la libertad en Sudamérica.

Resulta una afrenta a la memoria que conozcamos las edades de los retratados por Francisco de Arobe en 1599 y, sin embargo, no exista un solo registro del nombre de aquellas seis mujeres. Sin embargo, su fuerza sobrevive en cada lideresa esmeraldeña actual. Ellas son la prueba viva de que el cimarronaje moderno consiste en no permitir que nos sigan borrando la historia, de ahí la importancia de presentarle el legado de las silenciadas, de seguro hay muchas más que están en la lucha.

Las guardianas de la memoria

Petita Palma y Rosa Willa, representan el legado de los saberes ancestrales. Ellas conservan la tradición oral. Los arrullos. Los chigualos. Los cantos de santos. La memoria que nunca estuvo escrita.

Petita Palma: la mujer que convirtió la marimba en patrimonio vivo

Durante más de seis décadas, Petita Palma Piñeiros dedicó su vida a enseñar, interpretar y defender la marimba como la expresión más profunda de la identidad afroesmeraldeña. Fundó agrupaciones culturales, formó generaciones de músicos y bailarines y llevó los sonidos del Pacífico hasta escenarios internacionales, entre ellos la Universidad de Harvard. Su trayectoria fue reconocida con el Premio Nacional Eugenio Espejo y un Doctorado Honoris Causa de la PUCE Esmeraldas.

Para Petita, la marimba nunca fue únicamente música. Fue memoria, educación, comunidad e identidad. Petita Palma representa a las mujeres que conservaron los saberes ancestrales cuando nadie los escribía. Su vida demuestra que la memoria de un pueblo también puede guardarse en una canción, un baile y el sonido de una marimba.

Rosa Willa: la voz que mantuvo vivos los arrullos de Esmeraldas

Rosa Willa Valencia aprendió a cantar escuchando en silencio las fiestas de santos de su comunidad en Punta de Piedra. Sin formación académica en música, transformó ese aprendizaje oral en una de las voces más representativas de los arrullos, alabaos y chigualos de Esmeraldas. Durante décadas llevó esos cantos a escenarios nacionales e internacionales, compartiendo la espiritualidad y la memoria del pueblo afroecuatoriano.

Rosa Willa simboliza a las mujeres que hicieron de la tradición oral un archivo vivo. Allí donde los documentos guardaron silencio, su voz siguió contando la historia de un pueblo que nunca dejó de cantar. Actualmente su voz se silenció por un tema de salud, pero su legado sigue vivo.

Las sembradoras de identidad

María Luisa Hurtado y Juana Francis Bone representan el legado de la educación. Una forma desde la etnoeducación. La otra desde la investigación, el activismo y la reivindicación de los derechos de las mujeres afro. Ambas enseñan que la identidad también se aprende.

María Luisa Hurtado: educar también es un acto de libertad

Durante más de cuatro décadas, María Luisa Hurtado Angulo ha entendido que enseñar va mucho más allá de impartir clases. Maestra, gestora cultural y coordinadora de la Coordinadora Nacional de Mujeres Negras, capítulo Esmeraldas (CONAMUNECE). Su liderazgo fue clave para impulsar la etnoeducación como una herramienta que reivindica la historia, la cosmovisión y los derechos del pueblo afrodescendiente dentro del sistema educativo ecuatoriano.

María Luisa Hurtado simboliza a las mujeres que sembraron identidad para garantizar la supervivencia de su pueblo. Así como las seis mujeres de Portete debieron transmitir conocimientos para construir una comunidad libre, hoy ella demuestra que enseñar nuestra historia también es una forma de preservar la libertad conquistada hace casi cinco siglos.

Juana Francis Bone: la voz que convirtió la resistencia en derechos

Para Juana Francis Bone, el racismo no es un concepto académico, sino una realidad que ha decidido enfrentar desde el activismo, la investigación y la defensa de los derechos humanos. Cofundadora del colectivo Mujeres de Asfalto, ha convertido su liderazgo en una plataforma para denunciar el racismo estructural, promover la equidad de género y fortalecer el reconocimiento de las mujeres afrodescendientes en el Ecuador.

Juana Francis representa a las mujeres que se negaron a guardar silencio frente a la injusticia. Si las seis mujeres africanas de Portete resistieron para que naciera una comunidad libre, hoy Juana demuestra que esa resistencia continúa viva cada vez que una mujer afro levanta la voz para exigir igualdad, memoria y dignidad.

Las embajadoras de Esmeraldas

Karla Kanora y Alexandra Escobar, representan a las mujeres que, con sus acciones y disciplina llevan el nombre de Esmeraldas, más allá del territorio ecuatoriano.

Karla Kanora: la voz que llevó a Esmeraldas al mundo

La esmeraldeña Karla Kanora convirtió su voz en un puente entre Esmeraldas y el mundo. Cantante, compositora y gestora cultural, ha construido una carrera artística sin desprenderse de sus raíces afroesmeraldeñas. Desde que adoptó el nombre artístico «Kanora», derivado de canoro, decidió que cada escenario también sería un espacio para reivindicar su identidad. Su cabello natural, su discurso y sus canciones son una declaración permanente de orgullo por la tierra que la vio nacer.

Karla Kanora representa a las mujeres que internacionalizan el nombre de Esmeraldas sin renunciar a su identidad. Como aquellas seis mujeres que un día cruzaron el mar de manera forzada, hoy ella demuestra que la cultura afro también viaja por el mundo, pero lo hace con orgullo, libertad y dignidad.

Alexandra Escobar: la fuerza que levantó el nombre de Esmeraldas

Alexandra Escobar hizo historia al convertirse en la primera mujer ecuatoriana en competir en cinco Juegos Olímpicos de halterofilia. Desde sus primeros entrenamientos en Esmeraldas hasta los escenarios deportivos más importantes del planeta, llevó sobre sus hombros mucho más que una barra de pesas: cargó las aspiraciones de una provincia y de todo un país.

Alexandra simboliza a las mujeres que rompieron fronteras para que el mundo pronunciara el nombre de Esmeraldas con admiración. Su legado demuestra que representar a un pueblo también es una forma de preservar su historia.

Las constructoras de comunidad

Paola Cabezas y Érika Mideros simbolizan ese mismo legado: una desde la representación pública y la otra desde la formación cultural. Ambas demuestran que la comunidad sigue siendo el primer territorio de la libertad.

Paola Cabezas: la representación también es resistencia

Ser una mujer afroesmeraldeña en la política nacional ha significado para Paola Cabezas abrirse paso en espacios donde históricamente la representación de las mujeres negras ha sido limitada. Periodista de profesión, inició su carrera en la radio y la televisión, convirtiéndose en la primera presentadora afroecuatoriana de noticias de Ecuador TV. Más tarde asumió responsabilidades públicas como gobernadora de Esmeraldas y, desde 2021, como asambleísta nacional.

Paola Cabezas representa a las mujeres que se negaron a ceder sus espacios de decisión. Si las seis mujeres africanas de Portete resistieron para que naciera una comunidad libre, hoy Paola demuestra que esa resistencia continúa viva cada vez que una mujer afro levanta la voz para exigir igualdad, memoria y dignidad.

Érika Mideros: sembrar identidad para proteger el futuro

Mientras muchos jóvenes crecen influenciados por modelos culturales ajenos, Érika Mideros decidió abrir las puertas de su propia casa para hacer exactamente lo contrario. Desde hace casi dos décadas, el sonido de la marimba, el bombo y el cununo acompaña la formación de niños, niñas y adolescentes que encuentran en ese espacio un lugar para aprender música, danza, historia e identidad afroesmeraldeña.

Érika Mideros representa a las mujeres que se negaron a dejar morir su herencia cultural. Si las seis mujeres africanas de Portete resistieron para que naciera una comunidad libre, hoy Érika demuestra que esa resistencia continúa viva cada vez que una mujer afro levanta la voz para exigir igualdad, memoria y dignidad.

Las guardianas de la palabra

Luz Argentina Chiriboga y Yuliana Ortiz Ruano representan a quienes escriben la historia que antes nadie escribió. Son el legado de que va más allás de lo que se dice con palabras, porque ellas lo plasman en textos

Luz Argentina Chiriboga: la mujer que escribió las historias que los archivos callaron

Cuando la historia oficial apenas dedicaba unas líneas al pueblo afroecuatoriano, Luz Argentina Chiriboga comenzó a escribir novelas, cuentos y ensayos que colocaron a las mujeres negras en el centro de la narrativa. Nacida en Esmeraldas en 1940, fue una de las primeras escritoras afrodescendientes del Ecuador en alcanzar reconocimiento internacional. Obras como Bajo la piel de los tambores convirtieron la literatura en un espacio de memoria, identidad y resistencia, donde las voces afro dejaron de ser personajes secundarios para convertirse en protagonistas de su propia historia.

Luz Argentina Chiriboga simbolizó a las mujeres que escribieron aquello que los cronistas nunca registraron. Si las seis mujeres de Portete fueron borradas de los documentos del siglo XVI, Luz dedicó su vida, hasta su muerte en el 2015, a demostrar que la memoria de un pueblo también puede preservarse desde la literatura.

Yuliana Ortiz Ruano: escribir para que las nuevas generaciones se reconozcan

Yuliana Ortiz Ruano pertenece a una nueva generación de escritoras afroesmeraldeñas que ha llevado la identidad del Pacífico ecuatoriano a escenarios nacionales e internacionales. Escritora, poeta e investigadora, su obra explora la memoria, la racialización, la infancia, la migración y la experiencia cotidiana de ser mujer afrodescendiente en el Ecuador. Con una narrativa íntima y profundamente política, ha abierto nuevos caminos para que las voces afro ocupen un lugar permanente en la literatura contemporánea.

Yuliana Ortiz Ruano representa a las mujeres que se negaron a guardar silencio frente a la invisibilización. Si las seis mujeres africanas de Portete resistieron para que naciera una comunidad libre, hoy Yuliana demuestra que esa resistencia continúa viva cada vez que una mujer afro levanta la voz para exigir igualdad, memoria y dignidad.

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